Antes de hablar de la selectividad vamos a colocarnos en situación.
Entre la segunda y la tercera semana de Mayo dan las notas de segundo de bachiller con las que sabrás si puedes optar a hacer la selectividad en junio o si estarás pringada todo el verano.
Para darte las notas te juntas con tu tutor en clase, todos sentados en la mesa, haciendo chistes con risas nerviosas resonando por la clase y tu pensando “que se callen de una vez, quiero mis notas, un valium, matar a alguien…” El tutor empieza a repartir por la A y tus pensamientos se centran en cambiarte de apellido o en porque no pueden darse las cosas en orden inverso.
Cuando por fin llega a tu letra y estiras la mano para que te den las notas las coges con cuidado, momento en el que toda la clase te mira con esa pregunta en la cara de si has aprobado o no, te colocas en una postura mas o menos digna intentando esconder tu cara por lo que pueda pasar. Resoplas. Abres el boletín. Lees el boletín. Eres apta. Mirada de asombro que se va tornando en una gran sonrisa. Notas una palmadita en la espalda, varias enhorabuenas. La vida es genial.
Una vez que se te quita la cara de idiota te das cuenta que tendrás que hacer la selectividad en junio. Horror. Tienes menos de un mes para repasar todo el temario de 6 asignaturas.
Oyes que el tutor está comentando algo. Le sintonizas por si es algo importante. Felicidades, rollo a los que han suspendido, mensajes de ánimo… Algo para los que han aprobado, ahí entro yo, habrá que atender. Por lo visto tenemos que solicitar el titulo de bachiller. Los que hemos aprobado nos dirigimos en manada a encontrarnos con el jefe de estudios. Rollo de que vamos a hacer con nuestro futuro, lo de antes vaya.
Nos reparte unos papeles, donde tenemos que poner ciertos datos, nos indica que no lo rellenemos que el nos va a decir que poner y donde. Como a los niños pequeños. Empezamos a rellenar y llega el momento difícil. Poner el DNI. Como después de 4 años no sabes tu número de DNI es algo que se me escapa. Vamos a ver, aprenderse el DNI no es tan difícil. Claro si le llevas caducado desde hace 6 meses como algunas personas que conozco es comprensible, pero le tienes que utilizar para muchas cosas, si no te le sabes, llévale siempre encima ¿no? Después de escuchar las quejas de algunos indocumentados el jefe de estudios nos dijo cuanto teníamos que pagar y me alegré de ser familia numerosa. Después echó fuera a los que no iban a hacer la PAU y procedió a pasarnos unos impresos que también tuvimos que rellenar con su ayuda.
Una vez rellenado nos recordó que teníamos 2 días para ir al banco, pagar y volver al instituto para acabar de rellenar la matricula para las pruebas de acceso a la universidad.
A medida que se acercan las fechas de los exámenes el stress crece a la vez que el apetito desciende. En una media proporcional perfecta. Pasas 3 semanas estudiando por el día y pensando en lo que has estudiado por la noche. Sueñas con exámenes, números, autores, guerras españolas. Tu cabeza está a punto de estallar y tus amigos y familia no hacen más que preguntar cuando empiezan los exámenes. Te entran ganas de gritar y pegarle patadas a algo, a alguien sería mejor.
La noche anterior no puedes pegar ojo. Cuando suena el despertador piensas ¿ya? Te entra en pánico: no has estudiado lo suficiente, se te va a olvidar algo, el coche se va a romper de camino a la facultad…
Repasas la lista de lo que tienes que llevar, bolígrafos, lápiz, goma, DNI. Mientras te duchas vuelves a repasar lo que tienes que hacer y datos del primer examen llegas a la cocina y al ver el desayuno vas corriendo al baño con ganas de vomitar. Te sitúas en la taza del water pero no sale nada más que alguna baba. No puede salir nada más ya que llevas 2 días casi sin comer. Tu madre te obliga a tomarte la leche por lo menos. Te la tomas a la fuerza haciendo un esfuerzo enorme para contener las arcadas que quieren hacerse un hueco en tu garganta.
Llegas al punto de encuentro de tu instituto. Ves a todos tus compañeros en el mismo estado de desaliño que tu. No eres la única que ha estado 3 semanas en unas condiciones penosas.
Después de que el profesor explique el proceso por el cual tenemos que entrar a las aulas, nos encaminamos hacia nuestra muerte cerebral. Una vez allí nos sobreviene una ola de calor humano mezclado con ruido de apuntes y saludos. En las bocas de todos está la misma pregunta “¿Cómo lo llevas?” cuya respuesta puede variar entre “lo llevo”, “creo que bien”, “de pena”. Y estas variables pueden depender según la asignatura.
A las 9 en punto se abren las puertas de las aulas y salen 2 señorines, profesores de instituto con una lista y empiezan a decir nombres, llega mi turno y entro con el DNI por delante, me sitúan en una mesa que tiene unas pegatinas con mi nombre y las asignaturas. Establezco una conversación tímida con las dos personas situadas a mi lado basada en el instituto al que pertenecemos, las asignaturas que tenemos y el “¿Cómo lo llevas?” vuelve a salir.
Se llena el aula.
Cierran las puertas y nos comienzan a explicar el procedimiento para los próximos días, los horarios, cuando puedes salir del examen, cuando no, lo que te permiten colocar sobre la mesa, el tiempo para los exámenes, lo que hay que hacer con las pegatinas suministradas anteriormente.
Una vez explicado todo proceden a recoger el libro de escolaridad y a repartir las hojas en blanco donde tendremos que contestar al examen. Revisan los DNI y ponen una x junto a nuestro nombre.
Al rato llega un tío con un paquete donde pone historia y filosofía. Llega el momento cumbre. No hay marcha atrás. Los profesores reparten los exámenes, vuelven a su posición y anuncian el comienzo de la hora y media. Lees las 2 opciones y te decides por una de ellas. Hora y media después sales del examen, tus amigos comentan sobre los pelos que llevas, después de hora y media pasándote la mano por la cabeza es normal que estés despeinada, así que tú también haces alusión a sus pintas. Risas nerviosas y a comentar las preguntas durante los 15 minutos que faltan antes de que empiecen a llamar otra vez.
Se repite el proceso de sentarse, charlar con los que te rodean y ponerte nerviosa. Hora y media después solo piensas en inglés o francés dependiendo del idioma que hayas hecho. Tu primer instinto es contestar en ese idioma cuando te preguntan. Te centras y después de unos minutos de dudas sobre el examen te vas a comer.
En vez de comer, repasas los apuntes del siguiente examen: Lengua y literatura.
Una hora antes estás en la facultad repasando los apuntes junto a tus compañeros, podrías haber ido mas tarde pero juega España y no puedes permitirte el distraerte.
Dos horas y media después sales con el pelo completamente alborotado, pero feliz porque hasta la mañana siguiente no tendrás examen. Esperas a que todos tus compañeros salgan para liberar tensiones y comparar información. Te enteras del resultado de España porque a los que iban saliendo de una de las aulas les decían el marcador.
Después de confraternizar, te ofreces a acercar a alguno a su casa o a alguna particular. Los dejas y te diriges a tu casa donde te esperan los apuntes de las dos asignaturas del día siguiente.
Una vez llegado el ultimo día ya eres amiga de la persona que se ha sentado junto a ti durante toda la selectividad, comentas todos los exámenes e intercambias conocimientos para el último que queda, ya sabes quien te precede para poder estar preparada para entrar, es un proceso que facilita las cosas. Aguantas las ganas de reírte de algún apellido (hay padres que no se dan cuenta de que sus apellidos no pueden ir juntos) y cuando escuchas los tuyos entras con decisión. Es el último examen y después podrás desfogarte. Lo repites como un mantra.
Cuando sales eres la persona más feliz. Bueno tienes que competir con el resto de estudiantes que acaban la selectividad como tú, pero no importa, la felicidad no te la quita nadie. Te ríes junto a tus amigos, vas a dar una vuelta para despejarte. Después de un mes eres libre… durante una semana por lo menos.
Pasas la semana contestando la pregunta de si te han dado la nota, respondes que no, te preguntas que alguna idea tendrás, les dices que no sabes e insisten, les mandas a la mierda a todos. No quieres pensar en ello.
Llega el día N (de notas), buscas un amigo para que te de su apoyo, entras por la puerta del instituto y ves a un montón de gente alrededor de un tablón y sabes que ese es tu destino. Te abres paso, lees las notas y te abrazas dando saltos a la persona conocida más próxima.
Has aprobado y ya no importa nada.