miércoles, marzo 15, 2006

Tiempo

Carla estaba sentada en su cama solitaria. Pensando en la injusticia que al final había resultado ser su vida. Sostenía entre sus manos su sentencia final.

Tenía veinte años y hasta ese momento creía que también tenía toda una vida por delante. Quedaban tantas cosas por hacer, tantas personas a las que conocer.

Ni siquiera había terminado sus estudios.

Observó su habitación juvenil, llena de recuerdos y cosas de su adolescencia que no había tenido el valor de tirar. Miró sus paredes llenas de fotos de famosos, amores de infancia que en algún momento soñó con conocer. Le recordaban tiempos mejores, en los que su única preocupación era como hacer que sus padres la dejasen llegar más tarde a casa. Tiempos que no volverían a repetirse.

Pensó en su familia, a la que no había tratado todo lo bien que se merecían. Recordó todos aquellos momentos en los que les había mentido o en los que había dicho palabras hirientes. Palabras que no sentía, palabras dichas simplemente para hacer daño. Se arrepentía de no haberles ayudado cuando se lo pedían, de rebelarse sin motivo, de no intentar comprenderles. Pero sobre todo se arrepentía de no haberles dicho nunca un “te quiero”.

“lo saben” había sido su única excusa. “Todos los hijos quieren a sus padres, al igual que todos los padres quieren a sus hijos”. Esa era su respuesta aunque sabía que no era verdad. Esa máxima no siempre era aplicable en la vida real.

Cogió su fotografía favorita. En ella aparecía junto a sus padres. No estaban haciendo nada especial, ni siquiera recordaba cuando había sido hecha. Era la fotografía que mas apreciaba porque en ella sus padres la miraban con ese amor que solo un padre puede tener hacia un hijo. Nunca había dicho a nadie que siempre que se enfadaba o se entristecía miraba esa imagen.

Recordó a sus amigos, con los que no siempre estaba de acuerdo pero sin los que no podría vivir. Se acordó de su infancia. Nunca había sido una persona popular. Su timidez la hacía ser una persona retraída. Alguien a quien la gente no notaba. No era antisocial pero la costaba hacer amigos. Se le vinieron a la memoria retazos de personas con las que había crecido. Cambios de círculo de amigos, sin llegar a profundizar muchas veces. En su infancia solo habían existido personas con las que jugar, no necesitaba nada más. Al principio de su adolescencia lo había pasado mal. No se sentía cómoda junto a los que consideraba sus amigos. Sintió la traición de la única persona cuya amistad valoraba. Por suerte logró encontrar un grupo que no la juzgaba por su aspecto ni por su timidez. Un conjunto de personas que la aceptaban, que la entendían, que sabían dejarla espacio cuando lo necesitaba. La conocían y sabían que Carla iría a ellos cuando estuviera preparada. Era el mejor grupo de amigos que hubiese soñado conocer y no sabía que había hecho para merecerles.

Se tumbó en la cama y comenzó a llorar.

Lloró por su familia a la que echaría de menos. Lloró por sus amigos a los que no volvería a ver. Lloró por las oportunidades perdidas para demostrar su cariño, para decir ese te quiero que significaba tanto y costaba tan poco. Pero sobre todo lloró por miedo. Por ella. Carla tenía miedo a morir y estar sola.

Porque al final la muerte significa la eterna soledad.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿Soledad?

"No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él" (Gén 2, 18).

¿Muerte?

"De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás".
( Génesis 2, 15-17 )


Conclusión Biblica:

Buscate una pareja, y vive en la ignorancia hasta el dia que te mueras, que total.. una vez muerto, ya no tienes porque preocuparte de si estas solo o de si te duele el dedo gordo del pie derecho.

4:12 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

En vez de perder el tiempo llorando hubiese corrido a decirle a los padres te quiero... Mal actitud de la personalidad del personaje, mencanta lo q escribe la autora -pena... Muy bonito tati

GRITAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

6:31 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

me encanta.... deberias escribir mas eh??historias, poesias o lo q te salga de alma, pero escribe...
muchos besossss

1:25 a. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Deuteronomio 21: 11-14
Y si vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer.
Y si no te agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava, por cuanto la humillaste.

Conclusión bíblica:

Dios es gilipollas y tiene el dedo marrón.

Veinte años después Carla entreabrió la puerta de la habitación de su hija. En la cama, boca abajo, sollozaba. Incapaz de comprenderla, volvió a cerrar la puerta. Son cosas de la edad. De la edad que ella no recordaba.

3:44 p. m.

 

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